Una extrema urgencia que dura 67 años

Por : Paulo Egenau, director social del Hogar de Cristo

“A las 12 de la noche, he recogido muchas veces a muchachos casi desnudos que tiritan de frío, que van a pasar la noche sobre las ‘estufas’ de la Alameda o se acuestan sobre la pared caliente de la Piscina Escolar o se acurrucan con sus perros debajo de los puentes. Son millares. El gobierno con buena voluntad ha recogido a un grupo. Los he visitado. Los atienden personas de excelente voluntad, pero no tienen los medios para hacer una labor eficaz. Por el momento, no tienen clase ni entretenciones. Temo que pronto esta iniciativa termine sin dejar un resultado duradero”.
Esto escribía en 1951, durante el mandato de Gabriel González Videla, el jesuita Alberto Hurtado. Abismado por los 5 mil niños abandonados que deambulaban por Santiago a “pata pelada”, cubiertos con harapos, pelados al rape por los carabineros que batallaban así contra sus piojos y, al hacerlo, los estigmatizaban como “pelusas” o “palomillas”, recién empezaba con su sueño de un hogar para los pobres, el Hogar de Cristo.
Hoy hay sólo 700 en situación de calle en todo Chile. Sin embargo, el número de niños, niñas y adolescentes en cuidado alternativo llegan casi a 19 mil. Son los mal llamados “niños del Sename”, cuya realidad abismaría tanto al padre Hurtado, como lo hacían los pequeños de menos de 7 años que dormían sobre la parrilla de un transformador en Alameda frente a calle Ejército, junto al Matadero o bajo las arcadas de La Vega.
Han pasado 67 años, cambiamos de siglo y es evidente que como sociedad hemos fallado, diseñando un sistema que no resuelve el daño y la vulneración de derechos que representa la pobreza para los niños y, peor aún, hemos permitido que se expresen impunemente de generación en generación.
Lo alentador dentro de este panorama sombrío es que hoy entendemos que la pobreza no es sólo carencia de recursos, sino un fenómeno multidimensional que implica privación continua de las condiciones básicas para el desarrollo de las capacidades. Que daña la vida, e incluso puede llegar a matar. Los niños viviendo en pobreza se ven desproporcionadamente afectados y expuestos a experiencias adversas inhabilitantes, como abuso sexual, violencia intrafamiliar, abandono temprano, negligencia.
A pesar de la evidencia acumulada por décadas, se ha requerido de la exposición pública de experiencias de extrema violencia social y horrores vividos por muchos niños y jóvenes derivados al sistema especializado de cuidado residencial, para que el Estado, la comunidad de especialistas y la sociedad en general, comenzara a tomar en serio estos eventos.
Ha llegado el momento de hacer un cambio de paradigma, avanzando en la construcción de una sistema que realmente proteja y no genere más daño a aquellos que desde sus historias de pobreza y abandono, demandan el derecho a vivir protegidos, en espacios adecuados, con acceso oportuno y de calidad a los servicios y a los ambientes que propicien su desarrollo, potencien sus capacidades y garanticen su bienestar subjetivo.
Ayer, en la celebración del Día del Niño, el presidente firmó “el decreto de muerte del Sename”, según la prensa, creando el Servicio de Protección de la Niñez con un acto en Viña del Mar. Esperamos que de una vez por todas, la sociedad comprenda que los actos de lucidez transitoria frente a la infancia vulnerada no sirven y que éste marque una cambio real y permanente para los más vulnerables y vulnerados, los niños en pobreza.

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