Contaminación, salud o tradición – Por Carlos Gatica

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En el último mes, hemos podido ver como nuestra capital regional es tristemente famosa por sus altos niveles de contaminación atmosférica. Según el reciente informe entregado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), Coyhaique encabeza el triste ránking de ciudades de América con mayores índices de contaminación por material particulado fino respirable 2,5. Nuestra capital se posiciona con los mayores niveles de esmog de Latinoamérica, marcando 64 microgramos por metro cúbico de polución anual, es decir, 6 veces más que los estándares internacionales, lo que representa una seria amenaza para nuestra salud.

La exposición de los coyhaiquinos a la contaminación del aire es ubicua e involuntaria, ocasionando desde efectos fisiológicos imperceptibles hasta enfermedades y muerte. Nuestros niños son los más afectados, debido a la inmadurez del sistema respiratorio e inmune que poseen y por las conductas propias de su edad. Los efectos a corto plazo: aumento de síntomas y consultas de urgencias por causas respiratorias, aumento y evolución del asma y reducción en la función pulmonar, son algunas de los efectos que ha ocasionado la contaminación atmosférica en nuestros niños.

La OMS entregó su último reporte de calidad de aire urbano, que analizó las emisiones de 4 mil 357 ciudades de 108 países, desde 2010 hasta 2016. Y Chile se lleva la corona de América, siendo Coyhaique la ciudad con más polución nacional.

Debemos entender que la contaminación a la cual estamos expuestos todos los días, depende en un 97% de nuestra responsabilidad, ya que la causa de ésta es de origen residencial.

Por lo anterior, debe ser una medida urgente el redireccionar los recursos económicos utilizados en el Plan de Descontaminación Ambiental de Coyhaique en alternativas energéticas menos contaminantes, también redirigir los fondos utilizados para el uso de leña en otro combustible (gas, electricidad, petróleo, etc.), sin quitarle los beneficios a las personas, si no más bien brindándoles la oportunidad de cambiar su manera de generar calefacción, reduciendo significativamente el deterioro de la calidad del aire que todos respiramos.

Por, Carlos Gatica
Ingeniero Civil Ambiental

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