Aysén y Alto Maipo: ¿Cuánto vale un río? – Por Luis Mariano Rendón

Para fin de mes está programada la última reunión de directorio de Hidroaysén, la empresa que uniendo capitales italianos (Enel) y nacionales (Colbún, controlada por la familia Matte), proyectó usar los caudales de los ríos Baker y Pascua para construir cinco centrales hidroeléctricas en la XI región. Transportarían así, a través de cerca de 2.000 kilómetros cableados, energía del extremo sur hacia el centro del país, transformando para ello de modo irreversible el paisaje y afectando de igual modo los ecosistemas de esa región.

La comunidad organizada de Aysén se opuso. Y quienes entendimos que esos ríos y territorios son patrimonio de la humanidad, acompañamos esa lucha. Tras una década marcada por las movilizaciones nacionales del 2011, el directorio oficializará –en su reunión final- una decisión ya públicamente comunicada: devolverán al Estado –es decir a todos los chilenos- los derechos de aguas de ambos ríos, renunciando al proyecto. Histórico triunfo para Aysén y el ecologismo.

Se dijo que el movimiento “No a Hidroaysén” nacía del delirio de hippies incapaces de comprender las exigencias que el desarrollo impone al país. O de comunistas, movidos por el odio irracional a la empresa privada. Y que, de tener éxito este empeño, el país terminaría iluminado por velas, el costo de la energía ahogaría la actividad productiva, los inversionistas huirían y los ayseninos perderían una oportunidad dorada de generación de empleos; energía a bajos costo (en un territorio particularmente dependiente de ella) y dejarían escapar el despegue económico regional.

Los hechos: el costo de la energía ha bajado en un 60% en os últimos tres años. No hay milagro. La Agenda de Energía, presentada por Michelle Bachelet el 2014 definió una meta país: crear y poner en marcha una política energética de largo plazo. “Con validación social, política y técnica”, estipuló la mandataria, al presentar esa propuesta. ¿Esta política pública, que hoy nos beneficia a todos, habría definido metas de largo plazo incorporando “la validación social” entre sus condicionantes, sin el movimiento “No a Hidroaysén”? ¿Sin las manifestaciones contra esa forma de producir electricidad multiplicándose lo largo del país?¿Sin casi 100.000 personas impugnando el proyecto frente a La Moneda el 2011?.

Yo digo que no.

¿Cayó la inversión en Aysén o se perdió la oportunidad de generar puestos de trabajo, porque esa comunidad se opuso a un proyecto que avasallaba el medio ambiente? Será tema de otro artículo abordar cómo impacta en los ayseninos unirse tras esta causa. Solo un dato: el 2014 Hidroaysén adquirió casi 6 mil hectáreas para relocalizar a 39 familias, cuyas viviendas y terrenos agrícolas serían arrasados por el proyecto hidroeléctrico. Al terminar este mes, y junto con anunciar la “devolución” al país de los derechos sobre las aguas de dos ríos; el directorio de Hidroaysén anunciará –entre otras cosas- qué hará con esos terrenos, de indiscutido valor agrícola y turístico, según me indican amigos de la región. Y como para ganar dinero hay que invertir y generar empleo, los ayseninos que eligieron esta lucha y quienes a lo largo de Chile los acompañamos, generamos condiciones para que nuevas fuentes de trabajo nazcan en esa región. Y sin que haya sido necesario estrangular sus ríos; inundar los terrenos que hasta hoy trabajan; desproveer a 39 familias de sus hogares. Generaron nuevas oportunidades y no seráimprescindible, para que esa comunidad progrese y disfrute energía de bajo costo, que la flora y fauna de esos territorios muera ahogada y Chile sume, al permitirlo, nuevos daños ambientales al planeta.

Porque Aysén ganó, ganamos todos.

Un apunte para terminar: el penúltimo domingo de octubre, 20 organizaciones convocaron a una marcha en Santiago, para denunciar el incumplimiento de los permisos ambientales por parte de la empresa ejecutora del proyecto Alto Maipo. Y el apoyo solapado del gobierno a las obras que siguen ejecutándose. Fui uno de los menos de 200 ciudadanos que acudimos a esa convocatoria, apenas cubierta por la prensa.

Me pregunto si en diez años más alguien escribirá para recodar cómo, en la Región Metropolitana, nos organizamos para defender el agua que bebemos y hace posible la agricultura; el flujo libre del río, que nos protege del calentamiento global; la flora y fauna de la cuenca del río; la persistencia del paisaje, que alimenta el turismo en el Cajón del Maipo y Pirque.

Me pregunto, y les dejo las preguntas: ¿Cuánto vale el Río Maipo para los santiaguinos? ¿Cuánto vale un río para la gente de este país?

Por, Luis Mariano Rendón.
Abogado
Profesor universitario y ecologista
Candidato a diputado por el Distrito 12

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *